Vigilia de la A.N.E.
PRESENTACIÓN de adoradores


Oración de Difuntos

(Compuesta por Trelles)
De rodillas

¡Misericordioso Señor mío, Jesucristo!

Adorable víctima inmolada en la Cruz y sobre el ara santa por nuestros pecados y por la salud del género humano. Amado capitán de tu guardia de honor:

Venimos a implorar con humildad tu omnipotente intercesión en ese augusto Sacramento, a favor de los adoradores difuntos, que en su respectiva esfera han contribuido a tu culto y adoración durante su vida mortal que se ha extinguido, legándonos el buen ejemplo de sus obras en tu servicio inmediato.

Llamados a juicio, habrán sentido en la presencia divina la responsabilidad tremenda de sus pecados, faltas e imperfecciones, y en su abono, sus virtudes y obras buenas, entre las que no habrás olvidado ésta, en mérito de la que te suplicamos fervientemente por sus almas, esperando que, unidas nuestras pobres preces a las que se elevan al cielo desde esta sacrosanta Hostia, pues dice el Apóstol que “siempre vives para interceder por nosotros”, serán aquellas escuchadas benignamente, y nos concederás la gracia de abreviar el tiempo de expiación que hayan merecido los recomendados a tu clemencia infinita por estos indignos servidores de tu adorable Cuerpo y preciosa Sangre.

Eran los difuntos citados, oh amantísimo Jesús, obra de tus manos y fueron comprados y redimidos con aquella Sangre derramada por Ti en la Cruz y presente en este Sacramento de amor que venimos a adorar en la vigilia actual.

Creemos firmemente que nos escuchas y que apruebas esta deprecación fraternal, y sabemos que sólo los méritos de tu pasión y muerte pueden apagar las llamas del Purgatorio, y apresurar el momento de su liberación de aquella cárcel en que tal vez sufren todavía nuestros hermanos y amigos.

Te rogamos por tanto que acojas nuestra rendida súplica a favor de los que nos fueron tan queridos, y te instamos para que recordando que te han amado y servido para honra y gloria de este Sacramento de amor, cumplas la palabra de amar a los que te han amado, y perdonar a los que han muerto en tu gracia la pena merecida, templando durante esta vigilia la acerbidad de su tormento, y remitiendo parte de su expiación.

Inspirados por la fe viva, nos figuramos ver que el líquido preciosísimo con cuya efusión has redimido al mundo cae gota a gota sobre el fuego terrible que acrisola y purifica a nuestros hermanos, y apaga las llamas de aquel lugar de probación; y vemos también así que ofreces al eterno Padre tu Hostia pacífica por aquellos infelices miembros de la Iglesia Purgante, acelerando así el momento de gozar de tu presencia y de verte cara a cara.

Atiende, Jesús mío, esta apremiante y tierna instancia para que, lavados con tu Sangre los pecados de los que te recomendamos, y limpias y purificadas sus almas del contagio de la mortalidad, resplandezcan como radiantes estrellas en la celestial Jerusalén, y allí perpetuamente te adoren e intercedan por nosotros para alcanzar igual dicha, en compañía de los bienaventurados por toda la eternidad. Amén.

 



La Vigilia de la Adoración Nocturna es esencialmente una Vigilia de oración y adoración centrada en la Eucaristía, en nombre de toda la Iglesia. Nunca podrán faltar en nuestras vigilias: la oración personal y la oración litúrgica comunitaria que nos vincula a la Iglesia.


La Liturgia de las Horas es la oración que la Iglesia, en unión con Jesucristo, su Cabeza, y por medio de Él, ofrece a Dios. Se llama de las horas porque se efectúa en los principales momentos de cada día, que así es santificado junto con la actividad de los hombres (Laudes al comenzar el día; Vísperas al caer la tarde, Completas al acostarse...).

El Oficio de Lectura, desde los primeros siglos de la Iglesia, era la oración nocturna de los monjes mientras los hombres descansan; la alabanza y la oración del Señor no debe interrumpirse ni durante la noche.